El Segundo Foro Nacional representó la evolución natural del primer encuentro: pasar del diagnóstico a la propuesta.
En este espacio, se consolidó una idea clave: ningún niño debería depender de circunstancias variables para acceder a lo esencial. La propuesta de una pensión mínima garantizada emergió como un mecanismo estructural para asegurar un piso básico de dignidad, independientemente del cumplimiento o incumplimiento individual.
A través de una conversación técnica, plural y orientada a soluciones, se articuló un frente sólido entre legisladores, academia, sociedad civil y sector privado, logrando no solo fortalecer el marco conceptual de la reforma, sino también posicionarla en la agenda pública nacional.
Este foro no solo elevó el nivel de la discusión: lo transformó en acción coordinada.
Aquí dejó de ser una preocupación compartida y se convirtió en una ruta concreta de cambio estructural.
